El centro

Equipo Directivo
Directora Pedagógica Carmen María Navarro Herrera direccion@colegionsdelvalle.fundacionvictoriadiez.org
Jefe de Estudios Jesús Martínez Jurado jefaturaestudios@colegionsdelvalle.fundacionvictoriadiez.org
Jefe de Estudios Adjunto José Emilio Jiménez Aguilar jemiliojimenez@colegionsdelvalle.fundacionvictoriadiez.org
E.INFANTIL
E.PRIMARIA
E.S.O
  • Inmaculada Carmona Rivera
  • Soledad Flores Sanz
  • María Elena Garrido Jiménez
  • María Milagrosa Laza González
  • Carmen Bascón López
  • Francisco Daniel Borrero González
  • María Gallego Guerra
  • Manuel García Santos
  • María del Valle Herrera Bersabé
  • Salvador Jesús Herrera Martín
  • José Emilio Jiménez Aguilar
  • Carmen Mª Navarro Herrera
  • Ana Belén Ramírez Núñez
  • Ana Mª Reyes Núñez
    • Marta Aguirre González
    • Fátima del Valle Aranda Paredes
    • Milagrosa Castilla Aguilar
    • Daniel González Gómez
    • José Emilio Jiménez Aguilar
    • Valle León Sánchez
    • Jesús Martínez Jurado
    • Ángela Ostos Borrego
    • María Victoria Rodríguez Borja
    • Sergio Saldaña Jiménez

 

Personal No Docente
Secretaría Ángeles Barastegui secretaria@colegionsdelvalle.fundacionvictoriadiez.org
Conserjería María del Valle Palacio Baena
Mantenimiento José Manuel Núñez

Nuestro colegio fue fundado por la Compañía las Hijas de la Caridad en el año 1914, siendo cedido a la Diócesis de Sevilla en el año 2014.

Para ejercer los derechos de la Iglesia en materia de enseñanza y colaborar con los padres en su tarea educacional, se constituye, dentro del ámbito territorial de la Archidiócesis de Sevilla, la FUNDACIÓN DE ESCUELAS PARROQUIALES, al amparo de lo establecido en la legislación canónica vigente.

La Fundación tiene como fin peculiar: La formación y educación cristiana permanente de la infancia, juventud y la promoción y divulgación de los valores cristianos como parte integrante de la pastoral parroquial entre los miembros de las distintas comunidades educativas de sus Centros docentes.

Los centros parroquiales tienen un perfil del profesorado que se detalla en el Reglamento de Régimen Interno y que se concretiza en el ser cristiano comprometido con el tipo de persona que emana del evangelio. Este perfil se aplica para la contratación del personal del centro.

La educación (católica en sentido amplio) (en el humanismo cristiano) es la que impregna ideológicamente las enseñanzas curriculares que la legislación obliga a los centros educativos. Esta educación intrínseca de los centros es conocida a través del carácter propio o ideario que es público para los padres que voluntariamente optan por este tipo concreto de educación.

Características generales:

La clase de Religión es de obligatoria existencia y su currículum es más amplio que el que marca la legislación por ser un centro de confesionalidad católica y revestir la especial característica de parroquial. La asistencia del alumnado, no obstante, es voluntaria según criterio de los padres, como establece la Constitución.

Los actos de carácter religioso litúrgicos son consustanciales a estos centros por lo que cuentan con Capilla o Templo asistidos por el Párroco que hace presente de facto la Iglesia local como parte de la Iglesia Diocesana.

Los centros educativos de la Fundación, por ser parroquiales, tienen un servicio de asistencia religiosa institucionalizado para los alumnos/as que deseen hacer uso del mismo, que es atendido por el párroco o sacerdote en el que delegue.

Por Orden de 14 de Septiembre de 2001, se autorizó el cambio de titularidad recayendo ésta en la Fundación de Escuelas Parroquiales, con domicilio en la Plaza Párroco Carlos Rodríguez Baena, 1 de Sevilla.

La Fundación consta de ocho sedes y cuenta con 21 unidades de Ed. Infantil, 48 de Ed. Primaria, 7 de Apoyo a la Integración, 24 de Ed. Secundaria, 4 de Formación Profesional Básica y 1 de Ciclos Formativos.

La Fundación Diocesana de Enseñanza Victoria Díez es el órgano, con personalidad jurídica, que la Archidiócesis de Sevilla ha constituido para el desarrollo de la tarea educativa a la que la Iglesia es llamada, en comunión con las familias y de cara al pleno desarrollo de la personalidad humana. En este contexto, la Fundación ostenta la titularidad de todos sus centros educativos.

La Fundación tiene como fin peculiar la formación y educación cristiana permanente de la infancia, juventud y la promoción y divulgación de los valores cristianos entre los miembros de las distintas comunidades educativas de sus Centros docentes. Para la consecución de este fin, la Fundación crea, dirige y asume la titularidad de los centros docentes.

Para alcanzar sus fines, se propone los siguientes objetivos:

  1. La promoción, creación, dirección y gestión de instituciones educativas católicas en las que se produzca un encuentro fecundo entre el Evangelio y los distintos saberes.
  2. La prestación del servicio educativo como una propuesta de formación integral apoyado en la naturaleza y dignidad del hombre, iluminado por Jesucristo, fundamento primero y último.
  3. La defensa de la libertad de enseñanza, como forma de lograr una escuela libre y abierta, que supone la identidad católica de sus centros y la libertad de los padres para llevar sus hijos a éstos.
  4. La implicación de los padres y familias en la tarea educativa y evangelizadora.
  5. La promoción de la relación entre centros educativos, familias, parroquias y Archidiócesis de cara al mejor servicio educativo y pastoral, integrando la dinámica de los centros en la pastoral diocesana, especialmente en la educativa y familiar.
  6. La renovación y el fortalecimiento de la identidad católica de los centros mediante la orientación de su ideario conforme los planes diocesanos y el conocimiento y formación continua del personal de los centros y las familias en estos planes.
  7. La actualización el compromiso con los más necesitados procurando el acceso en equidad a todos aquellos que opten por el modelo educativo propuesto por la Iglesia e incluyendo en los planes de estudios y en la vida colegial, según los niveles, el compromiso de la Iglesia con los más necesitados, conforme al contenido de la doctrina social de la Iglesia.
  8. La promoción de la unidad de los centros, de las familias y de la comunidad eclesial a favor de su identidad y su libertad.
  9. La representación de la escuela católica diocesana y la defensa de sus intereses en todas las instancias, eclesiales o civiles, con especial mención a la administración educativa competente en cada caso.

La beata Victoria Díez y Bustos de Molina, nació en Sevilla, el 11 de noviembre de 1903, murió en Hornachuelos, Córdoba, el 12 de agosto de 1936. Maestra, catequista, miembro de la Institución Teresiana.

Después de ganar la oposición como maestra, ejerció en Cheles, un pueblo de Badajoz, cercano a la frontera con Portugal. El 21 de junio de 1928 se trasladó a Hornachuelos. Era una joven maestra, con buena preparación profesional, excelente disposición y entrega; con gran sensibilidad y habilidad de artista. Colaboradora de la Acción Católica.

El papa Juan Pablo II, en la ceremonia de beatificación, en Roma, el 10 de octubre de 1993, dijo: “Esta beata es un ejemplo de apertura al Espíritu y de fecundidad apostólica. Supo santificarse en su trabajo como educadora en una comunidad rural, colaborando al mismo tiempo en las actividades parroquiales, particularmente en la catequesis. La alegría que transmitía a todos era fiel reflejo de aquella entrega incondicional a Jesús, que la llevó al testimonio supremo de ofrecer su vida por la salvación de muchos”.

En la misma ceremonia fue beatificado Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana; quien años después fue canonizado en Madrid, el 4 de mayo de 2003.

Con motivo del Año Centenario de su nacimiento (1903), Loreto Ballester, Directora de la Institución Teresiana ha recordado palabras de Victoria y su testimonio de vida “abriendo el camino con su entrega a los suyos, con un ejercicio de la profesión serio y comprometido, “maestra de cuerpo entero”, mujer fiel a la fe recibida hasta el martirio, “con Cristo muy dentro del corazón y siempre en primera fila”.

Victoria ejerció como maestra de escuela pública, primero un año en Cheles, provincia de Badajoz y después en una zona rural de la Provincia de Córdoba ambas pobres con muchos alumnos y pocos recursos.

En 1928 llegó a Hornachuelos, provincia de Córdoba, con 25 años y con clara conciencia de haber recibido una importante misión: le habían confiado un pueblo y se sintió responsable de él. Trabajó en la Iglesia local en la Acción Católica, en la catequesis, en la preparación de catequistas, en la ayuda incondicional al párroco.

El 11 de agosto de 1936, fue detenida en su domicilio, encarcelada y conducida con un grupo de hombres del pueblo, entre los que estaba también el párroco Don Antonio Molina, hacia la Mina del Rincón. En el camino, Victoria anima a quienes han sido apresados con ella recordándoles que les espera el encuentro con Cristo. Es fusilada al amanecer del día 12 de agosto.

En la madrugada del 12 de agosto de 1936, Victoria Díez, la joven maestra de un pueblo que asoma en la sierra de Córdoba, Hornachuelos, recorría a pie junto con diecisiete hombres, entre ellos el también joven párroco, Antonio Molina Ariza, los 12 kilómetros que separan el pueblo de la mina del Rincón. Eran escoltados por unos cuarenta “escopeteros”. Hacía poco menos de un mes que se había iniciado la “guerra civil”.

Aquel extenuante camino, de casi tres horas, sería el último tramo de una vida que se había entregado de muchas maneras, especialmente a sus alumnas, convencida de que la educación hace mejor a las personas y contribuye a cambiar una sociedad todavía demasiado injusta y dividida. Era maestra del saber y maestra del espíritu; había encontrado en la Institución Teresiana su vocación de seglar comprometida con la historia de su tiempo.

Recorría ese último camino con la conciencia de seguir los pasos de su Maestro, Jesús de Nazaret. De ser “crucifijo viviente”, característica del espíritu teresiano animado por Pedro Poveda, quien había corrido igual suerte hacía apenas unas semanas, el 28 de julio. Victoria hubiera podido salvar su vida detractándose de su fe, eligió ser testigo de “Cristo Rey”, hasta el final.

Al recordar a esta maestra rural, seglar comprometida con su pueblo y su historia, rendimos homenaje a muchas otras maestras de la escuela de Poveda, que como Victoria recorrieron y recorren el camino de la vida, convencidas de que la “fe y la ciencia” hermanan bien.

Nuestro colegio fue fundado por la compañía de las Hijas de la Caridad en el año 1914 siendo cedido a la Diócesis de Sevilla en el año 2014.

 

LAS HIJAS DE LA CARIDAD

La Compañía de las Hijas de la Caridad es una sociedad de vida apostólica en comunidad, que asume los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, que les hacen estar disponibles para el fin de la Compañía: el servicio de Cristo en los pobres, en una donación total al Señor por medio de votos anuales.

 

SAN VICENTE DE PAÚL

FUNDADOR DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

Nace el 24 de abril de 1581 en Pouy en el sur de Francia, en las Landas, muy cerca de Dax. Fue el tercer hijo de los seis que tuvo el matrimonio Juan de Paúl y Bertranda de Moras, honrados y afanosos labradores de la aldea de Pouy.

Ya desde la infancia se descubre en Vicente la grandeza de corazón y un tierno amor a María Santísima. Hizo sus estudios en Dax.

Cree tener vocación. Estudia en Toulousse para recibir las órdenes sagradas. El 23 de septiembre de 1600 recibe el presbiterado en Chateau. A partir de esta fecha es guiado por Dios para organizar y dirigir:

                • La Cofradía de la Caridad, un grupo de damas para visitar y ayudar a los pobres en sus domicilios.
                • Funda la Congregación de la Misión (Padres Paúles), dedicados a evangelizar a la gente del campo.
                • Se encarga de los Ejercicios a los ordenandos.
                • Funda las Conferencias de los martes, para la formación del clero de París.
                • Funda con Santa Luisa la Compañía de las Hijas de la Caridad, para el servicio de los enfermos y pobres.
                • Obra de los Niños Expósitos y otras muchas más.

El 27 de septiembre de 1660 muere en París besando el crucifijo y pronunciando la palabra “confido” tengo confianza.

En el año 1729 es beatificado por el Papa Benedicto XIII y su canonización fue el 16 de junio de 1737 por Clemente XII.

El 16 de abril de 1885 el Papa León XIII lo declara Patrón universal de todas las obras de caridad.

 

SANTA LUISA DE MARILLAC

CONFUNDADORA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD

Nace el 12 de agosto de 1591 en Ferrieres cerca de Paris, Francia, en una época agitada y turbulenta en la historia de Francia.

De muy pequeña pierde a su madre. Estudia en el Monasterio de Dominicas de Poissy.

Desde joven siente la llamada a la vida religiosa, pero su falta de salud le impide seguir ese camino y es orientada hacia el matrimonio. Se casa en 1613 con Antonio Le Gras, Secretario de la Reina María de Médicis. Tiene un hijo, Antonio.

En 1623 el día de Pentecostés, Dios le hizo ver cuál era su proyecto sobre ella. En este tiempo conoce a San Vicente de Paúl, con quien comienza su dirección espiritual.

En el 1625 su esposo muere después de una larga enfermedad. Hace voto de viudez a Dios. Se pone bajo la dirección, de San Vicente que la orienta y la encamina al servicio de los pobres. La responsabiliza de la marcha de las Caridades, las cuales llegan a multiplicarse en todo París.

A través de sus andanzas por las aldeas y calles llega a una conclusión: “Las caridades no podían subsistir si no tenían a su cuidado personas entregadas del todo por su vocación”. Encuentra a la primera joven, Margarita Naseau, que inicia el camino de la Caridad.

El 29 de noviembre de 1633 se reúnen con Luisa cinco jóvenes voluntarias con deseos de trabajar por los pobres. Con ellas nace la Compañía de las Hijas de la Caridad. París es un hervidero de pobres. De todas partes reclaman a las Hijas de la Caridad.

Ellas, sostenidas y alentadas por San Vicente y Santa Luisa, multiplican su respuesta: se ocupan de los enfermos en sus domicilios, de los niños abandonados, galeotes, ancianos, enfermos mentales … Santa Luisa las instruye y orienta.

En 1660 a la muerte de Luisa de Marillac había más de 50 casas y habían llegado también a Polonia.

Fue beatificada por el Papa Benedicto XV, el 9 de mayo de 1920 y su canonización tiene lugar el 11 de marzo de 1934 por el Papa Pío XI.

El 10 de febrero de 1960 el Papa Juan XXIII la proclama “celestial patrona de los que se dedican a la acción social cristiana”.

 

BREVE RESEÑA DE LA LABOR DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD EN ÉCIJA

Para hablar de la extensión en el tiempo en que las Hijas de la Caridad han desarrollado su labor en Écija, tendríamos que remontarnos a más de un siglo de su llegada, hablamos de 1.888.

Aunque ahora celebremos el centenario del colegio Nuestra Señora del Valle, es bueno mencionar que además de esta labor educativa en valores cristianos y culturales, también han desarrollado una ingente labor al servicio de los pobres mediante la casa cuna, la casa de huérfanas y la tienda-asilo.

No debemos olvidar los años en que las Hijas de la Caridad cuidaban con cariño y esmero a los enfermos del Hospital de San Sebastián de nuestra ciudad.

Centrándonos en el tema que hoy nos interesa más, la etapa educativa al frente de un gran colegio, que ha atravesado por grandes vicisitudes, empezaremos por hablar de sus orígenes y de su lucha por mejorar día a día, y servir como cauce de la fe cristiana en la formación integral de todas las personas que en él se han educado.

Nos remontamos al año 1846 en que Sor Teresa de Vida y Mantilla de los Ríos, bienhechora de las Hijas de la Caridad y fundadora de los misioneros de San Vicente de Paúl de Écija, desarrolla una gran labor de evangelización en la localidad, patrocinando y financiando esta casa.

Avanzando en el tiempo recordamos también a otra gran benefactora y superiora de la Comunidad de Hijas de la Caridad en Écija, Sor Carmen Moreiras Mangana, situándonos ya en el año 1877.

Gracias a la donación en herencia de esta casa palaciega, en la que hoy se encuentra el colegio Ntra. Sra. del Valle, a una Hija de la Caridad, las hermanas pudieron extender la espiritualidad que las caracteriza y educar en el saber a las señoritas de la época, junto a párvulos, unitaria y jóvenes obreras, desde 1914, exactamente el día 30 de Septiembre, en que tiene lugar la apertura del colegio.

Considerando en todo momento la condición impuesta por la donante, se mantuvo el obrador, en el que las jóvenes podían aprender a bordar, tocar el piano, pintar…. Y lo más importante, inculcar en sus corazones el amor a nuestra Virgen Milagrosa, llevando con orgullo su medalla y haciendo gala de todas las virtudes cristianas de una joven culta y educada, preparada para la vida en familia y laboral.

Fueron muchas las damas que desfilaron por el colegio para hacerse su ajuar, aprender música, pintar cuadros y tener una cultura general buena, así como profesar una gran devoción a María Milagrosa, fundándose la asociación de Hijas de María y las Damas de la Caridad.

Transcurrieron los años y las Hijas de la Caridad fueron evolucionando y ampliando horizontes, innovando día a día, atendiendo a las necesidades de familias que vivían temporalmente en el campo, o bien en los pueblos más cercanos, incluso ofreciendo el Centro como Hospital de Sangre durante la guerra civil, desde Enero de 1937 al 30 de Abril de 1939.

Se adapta la casa para un internado, que comenzó en 1952 aproximadamente, y en el que había sólo 3 niñas, y que más tarde fue ampliándose hasta superar las 50 internas.

Ya se abarcaba un amplio abanico: colegio, obrador, comedor escolar, internado, ropero, actividades apostólicas…

En estos años Sor Rosa enseñaba a bordar, pintar, tocar el piano…, y junto a Sor Vicenta, hacía una gran labor de relaciones sociales con señoras nobles que podían colaborar con el colegio y la Comunidad, tal es el caso de Dª Paca Bobadilla, la Marquesa de Peñaflor, los Condes de Valhermoso, los Duques de Almenara. Todos velaban porque se mantuviera la institución educativa de carácter religioso, que tanto bien hacía a los pobres.

También mencionar a Sor Ventura, Sor María Ibáñez, Sor Juana, la Directora, Sor Filomena y tantas hermanas más, que se encargaron de la formación de las alumnas en cuerpo y alma, todas muy queridas por el pueblo ecijano.

Como anécdota, mencionar que esas alumnas con uniforme azul marino, bien largo y con aquel cuello rígido de color blanco, que tanto les molestaba, salían del colegio muy bien formadas para examinarse de ingreso en Osuna, y de Bachiller o de Magisterio en Córdoba, pues bien, era tanta su alegría y agradecimiento, que cuando se casaban y terminaba la ceremonia religiosa, venían a su colegio a entregar a la Virgen Milagrosa de la capilla, su ramo de novia, y escuchar a las Hermanas cantarle la Salve, después se iban al banquete de boda felices y contentas.

En aquella época había un gran jardín en el colegio con muchas flores, que las hermanas utilizaban para hacer coronas para los difuntos y así obtener algún ingreso más.

También es curioso el recuerdo de aquella alberca en la que se bañaban las alumnas durante el verano.

Las Hijas de la Caridad vestían entonces unos hábitos bastante más incómodos que los actuales, con grandes tocas almidonadas, que llevaban con gran porte y elegancia, sin que eso les impidiera trabajar con las alumnas con soltura y alegría.

De este internado, que duró bastantes años, salieron grandes personas que en el futuro desempeñaron puestos de relevancia en el mundo laboral. Entre ellas y más cercana en el tiempo, recordamos con cariño a nuestra directora Sor Elena, procedente de la Luisiana y ya tristemente fallecida.

Las exigencias de la sociedad y la nueva normativa de educación de 1971, obligaron a la Entidad Titular a llevar a cabo grandes cambios para hacer frente al fluctuar de los tiempos.

Así fue transformándose poco a poco el colegio, desapareciendo el jardín y la alberca para convertirse en patio de recreo, la gran puerta de madera que daba acceso al edificio principal, la solería empedrada tan bonita de la entrada, la cancela y mucho más. Hubo que ampliar el edificio y modificar varias dependencias, como la capilla grande que quedó más reducida.

Con el tiempo fueron adquiriéndose las fincas colindantes que se convertirían en los edificios de Educación Primaria y Educación Secundaria.

Antes de que pudiera ampliarse el colegio, las clases estaban distribuidas en el edificio principal. En la parte de arriba, que antes había sido el obrador, estaban las clases de las mayorcitas y abajo en el patio de mármol, las de las más pequeñas.

La guardería que estaba en la calle Santa Cruz, se instala en el colegio, así como el comedor, que supuso una gran ayuda para el Centro, hasta que más tarde comienza la Educación Infantil, siendo directora Sor Carmen Mª Páez.

Grandes Hermanas han pasado por este colegio y debemos destacar la labor caritativa que desarrolla Sor Mercedes Arbeo, que ha atendido y atiende, durante 43 años ya a los más necesitados, protagonista de un gran y merecido homenaje en San Gil.

Siguen los cambios y como anécdota podemos citar el caso de un alumno que se matriculó en nuestro centro el primer año en que el colegio fue mixto, ya podían estudiar juntos niños y niñas, como era el único entre todas las alumnas, lejos de sentirse extraño se sentía el más feliz del mundo, y nunca quiso irse a otro centro educativo.

Sor Dolores Soto comenzó la obra del edificio de Educación Primaria, siguiéndole Sor María Vilaplana que con tanto gusto y estilo la culminó.

El colegio contaba con 8 unidades concertadas, con 353 alumnas y una unidad de párvulos no concertada, con 40.

Recordamos con cariño la colaboración especial de tantos padres que ayudaron de una u otra forma, a que todos los proyectos se hicieran realidad.

Aún perdura en la retina de muchas jóvenes, actualmente madres de familia, la imagen de aquella carroza que salió del colegio para formar parte del desfile del pueblo, esa pirámide diseñada por D. Joaquín Ojeda, padre de una de nuestras alumnas, que desfiló con las egipcias más guapas que uno pueda imaginar, aunque sus pelucas, fueran los flecos de fregona bien recortados para la ocasión.

Todo marchaba a una velocidad de vértigo. El colegio crecía y necesitaba conseguir la Educación Secundaria, ya teníamos la subvención y era necesaria una nueva ampliación ante los cambios educacionales surgidos.

Sor Purificación y Sor Trinidad Momboisse lo hicieron posible, dejando el colegio como está actualmente.

Con Sor Mª Teresa nos concedieron el aula de integración, tan necesaria para nuestros alumnos.

Han pasado por este colegio tantas Hermanas maravillosas, Hijas de la Caridad, que es imposible nombrarlas a todas, pero vaya por delante nuestro agradecimiento a todas ellas.

Lo que empezó siendo un obrador para las señoritas de finales del siglo 19, es actualmente un gran colegio bilingüe, dotado de las mejores instalaciones y adelantos tecnológicos en las clases, y un profesorado y personal de administración y servicios inmejorable, entregado a su trabajo con ilusión y alegría, sin perder nunca de vista nuestro Carisma Vicenciano y con un lema como bandera: “Saber más para servir mejor”.

Con Sor Pilar Goicoechea, como Directora Titular celebramos los 100 años al servicio de los niños y jóvenes de nuestra ciudad, como Centro Educativo Vicenciano de las Hijas de la Caridad.

Todo esto ha sido posible gracias al esfuerzo de la Entidad Titular, de las Hijas de la Caridad que han sabido administrar los fondos de la subvención con maestría, cubriendo el déficit anual con sus propios ingresos, persiguiendo siempre el mismo fin: “Mantener nuestro colegio como un centro católico en el que los valores Vicencianos y la devoción a nuestra Madre Milagrosa perduren en la espiritualidad de cada persona que se eduque en él”.

Esta casa, que fue cuna de la alta aristocracia de Écija, no ha podido ser más enaltecida y perpetuada gloriosamente, que al constituirse en Colegio para los Pobres.

Comenzamos un nuevo siglo en el devenir educativo, dando las gracias a nuestras Hermanas, Hijas de la Caridad, y esperamos que el Carisma Vicenciano continúe durante muchos siglos más en nuestros corazones, recordando siempre que somos sembradores de paz y amor, que darán su fruto en las generaciones venideras.

MISIÓN

Nuestra Escuela se define como un Centro Católico que se compromete a una enseñanza de calidad con un estilo propio, que intenta hacer presente la Buena Nueva del Evangelio a tod@s, teniendo una atención preferencial por los más necesitados.

Nuestro objetivo se fundamenta en la formación integral de los alumn@s de acuerdo con una concepción cristiana del hombre, de la vida y del mundo. Los prepara, para participar activamente en la transformación y mejora de la sociedad. (Carácter Propio)

Para ello nuestro colegio:

  • Se preocupa especialmente por los más débiles en su nivel económico, capacidad intelectual u otro tipo de limitación.
  • Da respuesta a una acción educativa en valores, humanos y cristianos, educando para la libertad, la justicia, la solidaridad, la tolerancia, el amor y la paz.
  • Potencia el desarrollo de capacidades, hábitos de trabajo y destrezas intelectuales, logrando un buen nivel educativo.
  • Trabaja para que nuestros alumn@s lleguen al máximo desarrollo de sus posibilidades, de forma que estén preparados para su inserción responsable en la sociedad.
  • Ofertamos un clima educativo basado en la sencillez y en la acogida.
  • La presencia de los educadores se basa en una relación de cercanía y disponibilidad continua hacia el alumn@ y la familia.
  • La familia ocupa un lugar esencial para nuestro proyecto educativo, dándole cabida y responsabilidad en el desarrollo integral del alumnado.
Valoramos el saber como medio para servir mejor a los demás

 

VISIÓN

 Nuestro Centro tiene una peculiar y determinada forma de percibir la realidad, por todo ello, queremos:

EN EL ÁMBITO EVANGÉLICO

  • Programar acciones concretas para cultivar la vivencia de la fe y de la fraternidad de toda la comunidad educativa.
  • Favorecer la educación de la interioridad que posibilite la apertura a la trascendencia de nuestros alumn@s.
  • Desarrollar la competencia espiritual en todas las áreas del currículo y en las acciones extracurriculares, de forma sistemática y evaluable, favoreciendo el diálogo Fe-Cultura-Vida.
  • Mejorar la integración y atención a las necesidades socio-educativas de los alumn@s más desfavorecidos y el compromiso con el entorno.

EN EL ÁMBITO PEDAGÓGICO

  • Desarrollar una metodologías activas, adaptadas al proceso de enseñanza-aprendizaje del alumn@.
  • Buscar la excelencia educativa avanzando en la aplicación de los criterios de la escuela inclusiva.
  • Lograr una escuela multidireccional donde tod@s -docentes, alumn@s y familias- se eduquen formando comunidades de aprendizaje.

EN EL ÁMBITO DE GESTIÓN

  • Promover la mejora continua y la cultura de evaluación del centro, de los alumn@s y de la práctica docente.
  • Favorecer el desarrollo de planes de formación eficaces para los distintos miembros de la comunidad educativa (profesorado, PAS, padres).
  • Conseguir una adecuada autofinanciación y optimización de los recursos.

EN EL ÁMBITO COMUNIDAD EDUCATIVA y ENTORNO

  • Lograr que los centros educativos sean verdaderos lugares donde confluyan educadores, familias, alumn@s y antigu@s alumn@s en un clima de fortalecimiento de la fe e implicación y colaboración en la Misión.
  • Dar respuestas coherentes a las necesidades del entorno.
  • Propiciar un clima de trabajo adecuado para el desarrollo de la labor docente.
  • Fomentar el ahorro energético y el reciclaje para la conservación, cuidado y mejora del medio ambiente.
  • Promover los TIC´s (plataformas, web…) y los medios tecnológicos para el desarrollo de las competencias, haciendo prevalecer los valores personales y éticos sobre los meramente técnicos.
  • Convertir nuestro centro en un “Centro Bilingüe”.

VALORES

 En nuestro Colegio:

  • Atendemos a la diversidad ofreciendo una enseñanza adecuada a cada alumn@, según sus necesidades educativas y su ritmo de aprendizaje aplicando los criterios de la Escuela Inclusiva.
  • Damos respuesta a una acción educativa en valores humanos y cristiano.
  • Empleamos una metodología activa, abierta, flexible, actualizada, en mejora permanente.
  • Cuidamos la acción tutorial y la orientación, potenciando la motivación y el estímulo del alumnado.
  • Colaboramos con las familias en la formación integral de su hij@s.
  • Contamos con un equipo de profesores y colaboradores cercanos a las necesidades de alumn@s y familias e implicados en nuestro Ideario.
  • Cuidamos la convivencia en el Centro como condición indispensable para crear un clima de trabajo, sencillez, alegría y confianza.
  • Nos acogemos al Régimen de Conciertos de la Administración y a cualquier tipo de becas o ayudas que lo faciliten, para así garantizar la gratuidad de la educación y evitar toda discriminación por motivos económicos.

 

 

Nuestro colegio cuenta con una política de calidad, sustentada sobre un compromiso de calidad y excelencia educativa.

 

La búsqueda de la eficiencia y la excelencia en la gestión resulta ser la clave para el mejor aprovechamiento de los recursos y su mejor orientación para satisfacer, tanto los requisitos legales que regulan la actividad educativa, como las expectativas de las familias y alumnos, que cada vez son más exigentes en la garantía de que la Institución Educativa elegida se comprometa con un modelo de educación determinado y pueda demostrar que actúa en consecuencia con el mismo y obtiene unos resultados excelentes.

 

Colegio Ntra. Sra. del Valle
Dirección: C/ General Weyler, 1
Código Postal: 41400
Localidad: Écija
Provincia: Sevilla
Teléfono: 955902720